El partido del Bernabeu se pierde todos los años, es casi tan seguro que el Deportivo perderáen Madrid como que los blancos, en Riazor doblarán la rodilla. Fuera de apelar a tradiciones para justificar derrotas y malos partidos, la circunstancia que se debió someter a análisis es la indolencia, la apatía, la desidia con la que el equipo se enfrentaba a los elementos que obstaculizaban su éxito en el coliseo blanco. La pasividad que exhibían los de Caparrós era la pasividad de un equipo sin aspiraciones, sin ilusiones, un equipo que ya lo había dicho todo y ya lo había dado todo. Donde los Tristán, Sergio o Munitis no tenian ya nada que demostrar, ya sabiamos a donde llegaban y a donde no.
Hablemos de fútbol
Falta de toque en el mediocampo falta de definición arriba y sobre todo una enorme falta de ganas. Fuera de la sensación que nos quedaba a los que nos fastidia enormemente perdercontra el Real,el hecho indiscutible era que el equipo, que sólo hacía las cosas bien cuando salía de Coruña, empezaba a flaquear también en las salidas y perdía tres puntos que podrían ser vitales al final.
Dos goles y una victoria en casa, por fin con contundencia.
Pasaron varios partidos hasta que Joaquín Caparrós se dio cuenta de lo que era más que evidente: al equipo le faltaba un hombre capaz de aguantar el balón entre lineas. Los dos medios centros se quejaban de que el estar acostubmbrados a jugar con un mediapunta no les era sencillo variar sus exigencias en mitad de la temporada, evidentemente, en casa, donde los equipos se cierran, la posesión del balón es algo crucial para tener seguras las victorias. El problema es que no había sustituto para Valerón y el equipo perdió unas diez jornadas en experimentos. Pero en este partido se coronó Iago, un chaval de 23 años, originario del barrio del Ventorrilo y que no nos costó un duro. Es una buena noticia que haya salido a la palestra un jugador de la calidad del coruñés, pero, sin duda, esto no tapa la pésima gestión deportiva de una junta y/o un cuerpo técnico que con parecían ignorar algo que cualquier aficionado al deporte rey tiene muy claro: Las plantillas se configuran con dos jugadores por puesto, esto es impepinable.
El caso es que resultó que la solución la teníamos en casa y que tras muchas probaturas con sergio de mediapunta (osea tres mediocentros) y con dos puntas caparrós descubría la pólvora, otra vez.
El técnico se dió cuenta de que este equipo, que el había tenido tiempo para configurar, estaba diseñado para jugar con un mediapunta. Y es que a veces la táctica es tanto o mas importante que la técnica y Iago, sin ser Zidane, o Valerón, siendo simplemente un chaval que sabía parar la pelota y darla en corto hacía adelante y sin fallar en el pase (algo que parece sencillo), al Dépor le resolvió la papeleta .
Dos goles en dos acciones de estrategia, que demostraron lo que era este equipo, mas aún sin la magia de Don Juan Carlos, un equipo que desarrolla las acciones de estrategia casi a la perfeción, y con carencias evidentes a la hora de la creación y de la fialización. Pero no pasaba nada, jugábamos contra el que probablemente era el mejor equipo del mundo y además en su casa, la victoria era utópica y porlo menos el equipo fue capaz de plantar cara.
El auténtiico problema fue la lesión del central luso Jorge Andrade, un importantísimo efectivo dentro de nuestra plantilla. El portgués se perdería lo que restaba de temporada con los herculinos, así como el Mundial.
Andrade, además de ser probablemente el central que mejor iba al suelo que había pasado por Riazor en lustros, suponía un excedente de lujo, es decir, se planeaba su venta tras el Mundial y que esta ayudaría enormemente a mejorar la situación económica del club.